Personal

La que fue mi compañera de vida durante un tiempo (3a Parte)

Ella se estaba apoderando de mi de toda mi persona y yo sin ser consciente le ponía todas las facilidades para que se saliera con la suya, hasta que mi organismo se iba apagando, iba fallando, no aguantaba más aquel nivel de vida por decirlo de alguna forma. Los órganos no tenían suficiente energía para trabajar y fallaban, empezó con alguna que otra infección, continuó con la pérdida de menstruación hasta llegar a una infección de riñón que esa fue la gota que coló el vaso.
Allí ni mi cuerpo ni mi mente podían levantarse, podia notar las piedras de aquel suelo tan frío dónde más abajo no habia nada, sólo si miraba hacia arriba me decía que podría llegar a ver una luz pero en aquel momento notaba cada parte de mi cuerpo, tenia la sensación de que pesaba mucho, porque para moverme era todo un esfuerzo físico, hasta que vino la paz, lo vi se acercó a mi que estaba tumbada en aquella cama acogida entre sus sábanas blancas y de repente puse las manos y pies en las frías piedras, respiré y me levanté con impulso, dejando salir por mi boca todo lo que me estaba pasando, lo que ella me estaba haciendo sentir y hacer, porque no olvidemos que ella tenia el poder sobre mi pero en aquel instante el YO más adentrado a mi salió y tuve la suerte que salió en el momento preciso con la persona adecuada.
Me cogió de la mano, aquella mano tan fría, me la cogió con fuerza pero mucho tacto al mismo tiempo, mientras, de aquellos ojos sin brillo; empezaron a brillar por la inmensidad de lágrimas que querían salir de allí. Habia silencio, un silencio que no conocía que no había vivido nunca, parecía que por un momento ella habia desaparecido, mientras él aquella luz seguía estando allí mirándome con aquella barba de días sin afeitar de color plomizo y aquella mirada limpia que sin decir demasiado nada hacia sentirme recogida cómo un pollito debajo el ala de su madre.

Al terapeuta lo defino cómo la paz porque para mi es lo que me trasmitió en aquellos momentos dónde mi vida era realmente miserable.

Un viaje inmensamente largo, inmensamente silencioso, pero incómodo dónde se podia palpar hasta el aire que respirábamos. Respiro, saco mi mejor sonrisa (si sonrío puede que me vean tan bien que dirán que no estoy enferma), bajo aquellas escaleras que me llevan allí en aquel suterranio que para serlo tenia mucha luz, mucho color, una puerta con vidrios translucidos, un timbre muy ruidoso que hace que segundos después salga su ayudante, la que me atenderá, la que me comprenderá y con la que tengo que sacar todo de mi, pero no sólo de ella sino de mi vida paralela, algo que en aquel momento era tabú para mi, algo que yo había cerrado con llave porque así creía que no me dolería. Primero tenía que comprenderla (para poder curar cualquier tca, tienes que ir a la raíz del problema, porqué te has obsesionado en tu cuerpo y en la comida? lo has hecho porque por alguna razón algo de tu vida no sabías llevar y sin darte cuenta has querido controlar tu cuerpo excusando cualquier problema por ello), tenía que comprender cómo se alimentaba y se iba haciendo más grande conmigo, que era lo que yo le daba para que estuviera tan a gusto conmigo y yo por el contrario estuviera tan mal, con tan pocas ganas de seguir caminando con ella cogidas de la mano, aunque esto sólo pensara en momentos puntuales, mientras que el resto ella me protegía de mi. Así que el; primer trabajo que debía hacer era conocer y ver esas emociones, saber lo que me pasaba en cada momento para ir “solucionándolo” mientras ir buscando el porque me sentía así. Debía luchar contra ella, para que el alimento que ingiriera se quedase en mi, cortar y no fomentar los pensamientos de culpabilidad y obsesión sobre lo ingerido, deporte y el odio hacia mi. Era una lucha constante dónde había días que ganaba ella y días yo,  las horas sin comer parecían segundos en cambio los momentos de la comida parecía que pasaban horas, parecía que aquella comida se reprodujera, miradas de odio hacia esa madre(lo que se entiende por madre que me cuidaba en aquel momento no la que me gestó) que me ponía el plato y no sólo esto sino que restaba allí, observando cómo me lo ponía en la boca, mientras para mi era un suplicio y agradable a partes iguales, cosa que no podía entender y fomentaba más ese sentimiento de tirria hacia mi persona -¿cómo me podía gustar aquello que me engordaba que me hacía daño?- era incomprensión a todo lo que en aquel momento pasaba y sentía. Era una lucha constante porque me decían que podría estar bien, pero para mi, estar bien era seguir así, ¿cómo podría estar mejor haciendo lo contrario a lo que durante años estuve haciendo? ¿Que era realmente estar bien? ¿Realmente estaba enferma? ¿Tan enferma que mi perspectiva de todo era distinto a la realidad?… y un millon de cuestiones que me hacia continuamente. Pero poco a poco fui viendo que ella se alimentaba de mis situaciones pasadas que aún habiendo pasado años eran heridas abiertas además de las situaciones diarias donde no me atrevía a decir lo que pensaba o simplemente hacer y luchar por lo que yo quería.

Nuestra vida de hoy viene guiada por nuestra vida de ayer, de nuestra manera de afrontar que puede que anteriormente nuestros padres o quien nos haya cuidado nos hayan enseñado, lo que nos viene por delante y sobretodo por si nos respetamos o no.

“Ésta parte va dedicada a esa persona, que en poco tiempo se ha convertido en alguien muy importante para mi.  Nos conocimos antes de navidad  y hasta hoy, que ha bajado aquellas mismas ecaleras, que ha tocado aquel timbre estridente y ha entrado allí; dónde yo lo logré. He estado a su lado y al de su maravillosa familia, llamadas, encuentros, mensajes… he dado lo mejor de mi para poder ayudarlos, para que ELLA entendiera qué enfermedad tiene y porqué y hemos hecho grandes logros; ha conseguido poder comer, ha logrado no vomitar y lo más importante; ha logrado concienciarse de algunas que otras emociones y situaciones en su vida paralela que son las causantes de que esa maldita enfermedad se apoderase de ella y eso es algo que le servirá, le servirá para ir abanzando en esa nueva etapa dónde ese sol que poco brilla y poco calienta; BRILLARÁ y CALIENTARÁ cómo nunca lo ha hecho, estoy segura! Os aseguro que es algo inmensamente fuerte lo que siento, inmensamente emocionante e inmensamente triste lo que he vivido, porque no le deseo a nadie pasar por eso y porque se cómo se siente, la angustia que lleva dentro… pero me siento orgullosa, porque he puesto mi granito de arena para que ella también pueda salir y su familia la puedan volver a ver sonreír, algo que en principio toda madre y padre quiere ver en el rostro de su hijo/a! ” FUERZA!

 

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